Jegbe, un cazador de oficio, era el hijo del Oba (Rey) Alaafin de Oyo. Ifá nos dijo que las cosas no irían bien para Jegbe, por lo tanto, él fue por adivinación. Cuando el Babalawo consultó Ifá para él, apareció el Odu Ogbe Otura. Ifá le dijo a Jegbe a través del Babalawo que él estaba destinado a la grandeza y a gobernar, él tendría abundancia, viviría hasta una edad avanzada, sería famoso y que alcanzaría el éxito en sus esfuerzos, pero necesitaba hacer sacrificio para evitar posibles obstáculos. El Babalawo hizo énfasis en el hecho de que era muy importante para Jegbe realizar el ebo. Él se mantenía con la cacería del día, aunque él siempre cazaba animales pequeños como la ardilla. Jegbe no se daba por vencido, por lo tanto, con constancia, él se mantenía con la esperanza de tener un buen día de cacería. Sus oraciones fueron escuchadas y el día vino pues dio caza a un elefante. Para un cazador en cargarse solo de cazar un elefante significaba un aumento de su ego, porque no solamente se iba a hacer rico vendiendo el elefante, sino que ganaría respeto de la comunidad por su valentía y coraje. Jegbe estaba consciente de todos estos beneficios y estaba feliz. Como era costumbre en esos días, en ocasiones que un animal grande como un elefante era cazado, el cazador debía cortar una parte significativa de él para mostrarlo a las personas como evidencia de que realmente él le dio caza al animal que estaba reportando. Una de las principales razones de esta práctica era el hecho que el cazador no tenía los medios de llevar el animal cazado a casa, y la responsabilidad era del resto de las personas del pueblo y sus familiares para ayudarlo a traer la carne troceada a casa. Por lo tanto, cuando Jegbe mató al elefante, el cortó su cola y lo llevó al pueblo para mostrarlo al rey y sus súbditos. Jegbe fue directamente al palacio e informó al Oba (Rey) de su gran captura como demandaba las costumbres. El Oba ordenó dar aviso de la noticia a la comunidad de manera inmediata. El anuncio trajo júbilo y todo el mundo estaba feliz porque la valentía de Jegbe añadiría respeto y popularidad a su pueblo. Aquellos cuyo deber era tasar, cortar y llevar la carne de elefante desde el bosque hasta el pueblo rápidamente se reunieron para ir al bosque. Algunos observadores entusiasmados incluso los seguían. Como era de esperarse, Jegbe estaba muy feliz y se encaminó cantando una fina melodía. Desafortunadamente, su felicidad iba a ser corta.
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